Una agenda para el Feminismo 

Este fue un discurso dado el 8 de abril de 1983, en el Hamilton College en Nueva York. Fue publicado por invitación e iniciativa de un estudiante en la revista de literatura de la universidad, The ABC’s of Reading, en 1984. Recuerdo haber volado en un avión que se parecía más a una lata, solo eramos el piloto y yo. Recuerdo un semicírculo de cientos de caras jóvenes. Esa noche, muchachos de la fraternidad intentaron entrar a las habitaciones en las que me estaba quedando dentro del campus. Esperé. Se fueron. Aún sigo pensando que el consumo de prostitución debe penalizarse, como lo digo en este discurso; pero cada vez pienso más que debe haber leyes penales simples, directas e impuestas contra la explotación de mujeres en transacciones sexuales comerciales. El explotador – proxeneta o prostituyente – debe tener el trato y el reconocimiento de un criminal. 

Represento el lado oscuro del Movimiento de Mujeres. Me encargo de la mierda, la mierda en serio. Robin Morgan lo llama ‘trabajo atroz’. Y es más o menos así. Me ocupo de lo que le pasa a las mujeres en los cursos normales de la vida de una mujer en todo el planeta: lo normal es abusivo, criminal, violador. Es tan sistemático que parece que las mujeres no son abusadas cuando estas cosas normales les ocurren.

Las mujeres están en todas partes, como dijo Shulamith Firestone, son una clase sexual invisible porque todo el mundo lo considera natural y porque muchos de los abusos que las mujeres sufren sistemáticamente se llama sexo y porque muchas mujeres se socializan de tal forma que somos indiferentes a la situación crítica de otras, y debido a que no hay medios institucionales de reparación por los crímenes cometidos contra nosotras, el Feminismo a veces parece como un grupo de pie frente a un maremoto con una mano diciendo ”deténganse”. Es por esto que la gente dice ”Bueno, es inútil”, ”así es la vida”. La postura del movimiento no es que es ‘solo la vida’, es política, es historia, es poder, es economía, son modos institucionales de organización social: no es solo ‘la vida es así’. Y esto se aplica a todo: al abuso sexual, a la degradación económica, la relación ‘natural’ entre mujeres y niños (parafraseando de nuevo a Firestone: las mujeres y los niños no estamos unidos por la biología solamente, sino también por la política, por una impotencia compartida). El movimiento de Mujeres es como otros movimientos políticos en aspectos muy importantes: todo movimiento esta comprometido con la creencia de que hay ciertos tipos de dolor que no deberían ser soportados. Son innecesarios. Son gratuitos. No son parte de una orden divina. No son biologicamente inevitables. Son actos humanos voluntarios. Son actos de ciertos seres humanos contra otros seres humanos.

Si crees que Dios hizo a las mujeres sumisas e inferiores, no hay nada que el feminismo pueda decirte sobre tu lugar en la sociedad. Un movimiento político en contra de la Voluntad Divina no suena muy razonable como organización. Y, ciertamente, los misóginos suelen decir ”Tu discusión no es conmigo, es con Dios”. Y nosotras les decimos: ya que fuiste creado a su imagen y semejanza, sos lo mas cercado de él que vamos a estar, así que discutamos esto. Lo representan. Lo hacen siempre, de todos modos.

Otro tipo de discusión sobre la inferioridad de las mujeres – el dominante – tiene que ver con la biología. Hay muchas formas de abordar el problema. Es, en cierto sentido, el tema centrar de los derechos de las mujeres. Si fuera una suposición común la de que deberíamos disfrutar de los mismos derechos que los hombres y que nuestras vidas tienen el mismo valor, estaríamos viviendo en un mundo muy diferente. No existe esa suposición. No hay esa premisa. Entonces, al tratar de discutir qué derechos deberían tener las mujeres, muchas personas se refieren a la biología, y lo hacen de muchas maneras. Por ejemplo, es posible que encuentren (se esfuerzan mucho por encontrar) varias características reptantes que se comportan de formas específicas y dicen: “¡Mira eso! Siete millones de años atrás estabas relacionado a eso”. Esto es un abuso del pensamiento de Charles Darwin a la que cualquier persona ilustrada debería oponerse, debería dar vergüenza usar semejante trabajo científico para un fin tan ruin. Pero estas mismas personas señalan a los primates, a los peces, señalan a todo lo que se mueve, a cualquier cosa que esté viva, a cualquier cosa que puedan encontrar. Y nos dicen que debemos inferir nuestros derechos de los comportamientos de lo que ellos nos señalan.

Un ejemplo sobresaliente es el cíclido, que es mi favorito. Es un pez prehistórico, o para ser más precisos, algunos hombres piensan que fue un pez prehistórico. Los seguidores de Konrad Lorenz, y estos son científicos, ¿de acuerdo? – dijeron que el cíclido macho no podría aparearse a menos que su compañero demostrara asombro. Ahora, ¿es esto una proyección o es esto… un pez? Kate Millett se preguntó en ‘Política Sexual’ cómo un pez demuestra el asombro. Las personas que miran a otros animales (concedo que también somos animales) para encontrar razones por las cuales las mujeres, las mujeres humanas, deben ser subordinadas saltan de una especie a otra con una destreza alarmante e ignoran toda la información que contradice su punto de vista ideológico. Ahora bien, este es un error bastante humano, y ese es el punto: es un error humano. No es necesario postular que un chimpancé o un insecto tiene la misma falla para localizar un error humano.

El movimiento de mujeres se preocupa ante todo de esta premisa prácticamente metafísica de que las mujeres son biológicamente inferiores. No sé cuántas veces en sus vidas ha experimentado la sensación de que estaban siendo tratadas de cierta manera porque los que las rodean las consideraban biológicamente inferiores. Sospecho que si miras hacia atrás, muchos de los eventos humillantes de tu vida – y estoy hablando con las mujeres de esta sala – tendrían en su base un compromiso por parte de la persona que creó la humillación que merecías ser tratada así porque eres mujer.

Esto significa que de alguna forma no eres digna biologicamente del mismo respeto al que si tienen derechos los varones. Esta creencia no se limita solo a los varones. Las mujeres son criadas para pensar lo mismo sobre ellas y muchas de nosotras lo hacemos. Esta creencia es el sustento del sistema sexual en el que vivimos. También es la causa de los abusos sexuales que vivimos.

Hoy voy a hablar mucho sobre el abuso sexual, el asalto sexual, pero primero quiero hacer una generalización sobre el movimiento de mujeres y una relación con el conocimiento, que es su propósito. El movimiento de mujeres no es solamente político, no es electoral. No es solamente de reforma, como sea que entiendan esa palabra, porque cuando se trata de una presunción de inferioridad que baja del mismo Dios, no hay reforma posible. No hay forma de cambiar el estatus de las mujeres en la sociedad sin abordar los supuestos metafísicos sobre la naturaleza de las mujeres: qué somos, qué queremos, a qué cosas tenemos derecho, para qué sirven nuestros cuerpos y especialmente a quiénes pertenecen. Es un movimiento para conocer. Vine a la Universidad para hablar con ustedes y muchos son estudiantes y están aquí por distintas razones, personales y también sociales. Los envían a la universidad para aprender a ser adultos en esta sociedad, adultas de cierta clase, de cierto tipo, que se adaptaran a ciertos lugares. Y las mujeres que están aquí también lo están para que les enseñen a ser mujeres. Tan antiguamente como mires, también te llevaron al jardín de infantes para aprender eso. Y lo mismo para los varones. Si lo que les quieren enseñar todavía no está cerrado y sellado, hoy es la oportunidad para solucionarlo. Se supone que estas instituciones existen para conseguir conocimientos. El movimiento feminista, al igual que otros, ha descubierto y desenterrado un cuerpo de saber que no se encuentra en los colegios ni en las universidades, ni en las escuelas primarias, por razones políticas. Y por esta razón, tu relación con el conocimiento tiene que ser una búsqueda: no aprendiendo lo que te dicten, sino buscar tus propias preguntas. El Movimiento de Mujeres en general, con excepciones, con fracasos, con imperfecciones y fallas, se ha dedicado a este proceso de formular preguntas.

Muchas de las preguntas son consideradas inconfesables. No se pueden decir. Y cuando se hacen, quienes las preguntan son respondidas con una hostilidad extraordinaria. Estoy segura de que tienen alguna experiencia en la que preguntaron algo que no queria ser respondido. Todo lo que les haya enseñado la tradición liberal, sobre la educación, el valor de los libros, la belleza del arte, el significado de la creatividad, se pierde y no significa nada a menos de que mantengan la independencia para hacer sus propias preguntas, a lo largo de toda su vida. Y es más fácil ahora de lo que lo era hace diez años y es más fácil ahora de lo que será cuando tengan cincuenta o sesenta o setenta años. Esto es una de las cosas mas extraordinarias de envejecer: lo que se dice sobre que uno se vuelve más conservador es verdad. Lo que dicen sobre ‘venderse’ es verdad. Si no puedes hacer las preguntas necesarias, nunca serás lo suficientemente valiente. No lo pospongan nunca. El movimiento de mujeres no puede sobrevivir a menos de que hagamos ese compromiso. El movimiento de mujeres no es solamente transmitir una ideología; es crear una ideología, formas de entender el mundo de las mujeres, la construcción de la masculinidad y la feminidad, formas de entender qué es el prejuicio como una construcción social, cómo funciona, cómo se transmite. Formas de entender cómo es el odio contra las mujeres, por qué existe, cómo se transmite, qué función tiene en esta sociedad o en cualquier otra, independientemente de cómo se organice económicamente o en que lado del Telón de Acero se encuentre. Nos dedicamos a las preguntas e intentamos encontrar respuestas.

También somos un movimiento en contra del sufrimiento. No hay manera de ser feminista y olvidar eso. Si sos una feminista y has olvidado que nuestro objetivo es terminar con todo sufrimiento, de innumerables mujeres no identificadas e invisibles de los crímenes que han sido cometidos contra ellas, y si, también buscamos terminar con el sufrimiento de los varones, probablemente tu feminismo es hueco, no importa, no cuenta. Este es un movimiento en contra del sufrimiento. Leyendo entre líneas, cuando escucho a la gente decir que este es un movimiento por la libertad, por la justicia, por la igualdad – todo esto es profundamente cierto – debemos recordar que tambien estamos tratando de terminar con el sufrimiento. ‘Libertad’, ‘justicia’, ‘igualdad’, se han convertido en slogan – también lo han hecho con ‘revolución’. Nadie habla del sufrimiento, no se vende. No encaja con el esquema publicitario para una America feliz.

El objetivo de la sociedad en la que vivimos es conseguir la felicidad – del consumidor. Se supone que obtenemos esa felicidad a traves de los brillos labiales y de las horas frente al televisor. No debes sentir dolor… pero una de las cosas que hace el Movimiento de Mujeres es hacerte sentir el dolor. Sentís tu propio dolor, el dolor de las otras, el dolor de las hermanas cuyas vidas apenas podemos imaginar. Se debe tener mucho valor para aceptar eso, si te comprometés a largo plazo, no por tres meses, ni por un año, o dos años, sino durante toda tu vida, con el feminismo. Así que preparense para los terapeutas y las recetas. Preparense para todas las personas que diran que ‘es su problema’, que no es un problema social y ¿por qué están tan amargadas? Y detrás de todo esto esta la presuposicion de que la violación fue un delirio, que le golpiza no se dió en realidad y que la dificultad economica es tu fracaso personal. Sepan que eso no es verdad y nunca ha sido cierto.

Ha habido muchas maneras de definir la escencia del feminismo. Hay muchas opiniones. Hay muchas ideologías dentro del Movimiento de mujeres. Hay muchas listas de prioridades distintas. Yo voy a discutir la mía, individualmente, como una feminista que ha escrito libros, que ha viajado por el país mucho, que ha escuchado a mujeres de todo el mundo. Ustedes deciden si estar de acuerdo.

Yo pienso que la condición fundamental de las mujeres es definida literalmente por la falta de integridad fisica de nuestros cuerpos. Creo que nuestro lugar de subordinación empieza ahí. No creo que podamos hablar de las mujeres en terminos estrictamente economicos, aunque la economía no puede excluirse de ninguna discusión. Se debe considerar la integridad sexual y reproductiva del cuerpo de la mujer. La mujer es un individuo y las mujeres somos una clase. La clase-mujeres incluye mujeres de todas las razas, condiciones económicas y sociales, en toda la faz de la Tierra.

Solía haber algunas feministas que hablaban en los campus universitarios y decian: “sos demasiado joven para saber esto ¿qué podés saber?’ ¿que has experimentado? Espera a salir y que esos bastardos empiecen a joderte de verdad y ahí vas a ver de lo que se trata el feminismo”. Pero el conocimiento ha revelado que cuando las mujeres tienen la edad de las que hoy estan en esta sala, ya han experimentado una agresión sexual.  La mayoría de aquí tiene dieciocho años y sospecho que mas de la cuarta parte de ustedes ha tenido una experiencia así.

El incesto es la primer agresión. Nunca antes habiamos tenido idea de lo común es. Siempre habiamos oido sobre el tabú del incesto pero en otro contexto y las leyes están para romperlas. La mayoría de las víctimas del incesto son niñas. Son atacadas de muchas maneras, normalmente por sus padres, o sus padrastros. Estamos hablando de abusos de varones que se encuentran en situaciones íntimas de poder: adultos y niñas. Muy poco incesto es cometido por mujeres adultas hacia niños. Hay muchas golpizas de mujeres contra niños, de eso hay mucho. No debemos dejar eso afuera. Muchas mujeres son obligadas a tener hijos que no desean y hay muchas golpizas en esos niños. Pero no hay abuso sexual.

El incesto es tremendamente importante para entender la condición de la mujer. Es un crimen que se comete contra alguien que posiblemente no pueda recuperarse nunca. La vida es dificil, o como dijo Jimmy Carter, es injusta. Les pasan cosas horribles a las personas y estas no pueden recuperarse nunca. Es la verdad. Probablemente ninguna mujer se recupera totalmente de una violación, de ser golpeada, pero esto es distinto, porque no se espera que una niña pueda cambiar el mundo. Su sistema de realidad, su capacidad de procesamiento, su capacidad de comprender el valor del respeto propio, es destruido por alguien que ama. Las víctimas de incesto se están organizando en este país, y políticamente. Una de las razones por las que se organizan políticamente y no psiquiatricamente es porque entienden que el poder del padre de familia es el que crea el ambiente para autorizar el abuso. Lo entienden mejor que cualquiera que no haya pasado por esa experiencia. Han visto a sus madres temerle al padre, al visto el apoyo de la comunidad al padre, la defenda de la comunidad psiquiatrica del padre, ha visto el rechazo del sistema legal a tratar al padre como un criminal, ha visto la negativa de los grupos religiosos de tomar en serio el incesto, tal como lo hacen con la homosexualidad. Entienden el mundo en donde viven las mujeres. Entienden a sus madres, lo que no quiere decir que las perdonen por lo que pasó. En esta sociedad es muy dificil perdonar a tu madre, sin importar lo que haya pasado. Pero las víctimas de incesto están en el centro político de esto. Han sido, según mi opinión, los y las más valientes para hablar de los que les pasó cuando eran niños. El movimiento de mujeres debe tomarse más en serio la conexión entre mujeres y niños/as, que es realmente política. El poder del padre es lo que hace que las mujeres y los niños y niñas sean una subclase.

La violación dentro del matrimonio es también importante para entender la condición de las mujeres. Les contaré una historia. Tengo un ahijado. Es una sorpresa tenerlo pero lo tengo. El padre de mi ahijado es un abogado liberal. No me gustan los abogados liberales porque defienden la pornografía, a los racistas, a los nazis y a los violadores. En muchos terminos somos enemigos. La madre de mi ahijada, una amiga muy cercana, es una feminista anti-violación. Eso quiere decir que ella entiende el feminismo a través de la violación. El padre de mi ahijado me dijo, y lo publico en un diario, que si una mujer es violada por alguien que conoce, no está mal. También dijo, a mi y en público, que la violación intramatrimonial es imposible – no porque lo diga la ley, que frecuentamente lo hace – sino porque nunca podremos saber si la mujer lo quería. El padre de mi ahijado es un hombre sensato, un hombre agradable. Él defiende violadores en la corte – aunque esto le provoca un dolor inmenso a su esposa – porque piensa que las mujeres acusan de violación porque han tenido mal sexo. Es imposible para él considerar que ser violada por alguien que conoces – como un esposo – es aún peor que por un extraño: destruye tu capacidad de continuar, de tu integridad, de tu amor propio, de tu confianza, de tu intima privacidad. Las lesiones físicas de las mujeres víctimas de violacion intramatrimonial no son inferiores a las de los demás tipos de violación. En la privacidad, en el hogar, está garantizado el acceso total al cuerpo de la esposa. Leyes muy específicas han garantizado ese derecho. Al mismo tiempo, tenemos un clima aterrotizado por el crimen en las calles. Las mujeres están muertas de miedo a ser violadas. Pero la verdad es que hay más probabilidades de ser violadas dentro de casa, en ese lugar de dicha cristiana, que es el lugar más peligroso para las mujeres. Es la verdad. Es difícil saber cuantas mujeres son maltratas exactamente; actualmente se habla del cincuenta por ciento. Esto es una guerra, no es vida.

Hace poco hubo una violación en grupo en New Bedford. Hubo una vigilia ahí. El cuarenta y tres por ciento de las violaciones son cometidas en grupo. El veintisiete por ciento son de a tres o más, el dieciseis por ciento es de a dos. La violación en grupo es normal y casi nunca se procesa con éxito porque los testigos son varones y se defienden entre ellos; cuentan la misma historia. Todos dicen que la víctima vino voluntariamente o que se llevó dinero. No importa lo que le haya pasado a esa mujer. No hay juicios. Las implicaciones de esto son asombrosas porque significa que cualquier grupo de varones puede violar a una sola mujer sin que pase nada.

Hablando de violación, hablamos de extraños que violan a mujeres, porque este es el estereotipo de la violación aunque las mujeres son violadas, menos de un cincuenta por ciento de las veces, por un extraño. ¿Por qué nos crian para creer que la violación es cometida por extraños cuando en realidad no es así? En mi opinión, la violación se trata del acceso. No hay distinción cualitativa de varones para esto. Es una cuestión de acceso. Los hombres que conocemos son mas peligrosos porque tienen más acceso a nosotras. El extraño se utiliza políticamente como chivo expiatorio. En los Estados Unidos, el extraño es negro. En la Alemania nazi, el extraño era el judío.

El temor de las mujeres ante la violación es legítimo. Esos miedos son manipulados para servir a fines racistas. Ahora vemos la estrategia del chivo expiatorio usada contra los homosexuales, quienes son acusados de violar niños aunque sabemos que la mayoria de los abusos sexuales se dan en niñas. No es que los hombres homosexuales no violen. Lo mismo con los hombres negros y los judíos. Los varones de todas las clases y etnias violan, lo que no quiere decir que absolutamente todos los varones violen. Esto quiere decir que todos los varones se benefician de la violación, porque se benefician del hecho de que las mujeres no son libres, de que se acobarden, de que sientan miedo, que no puedan hacer valer sus derechos y los limiten a lo legal, debido al temor omnipresente de la violación.

Cuando las feministas empezamos a pedir atención sobre la violación, no fuimos muy apreciadas. Nos dijeron que estabamos complicandole la vida a los varones negros. Antes del Movimiento Feminista, la violación era tratada como un producto de la imaginación de las mujeres, como un esfuerzo vengativo o racista. Es totalmente falso que hemos usado la raza del violador selectivamente. Esa es una información sorprendentemente peligrosa porque siempre hemos mirado especialmente al varón blanco y en su categorización como potenciales violadores, por primera vez en este país racista. Empezamos a jugar. No les gustó. Pero han sido los blancos liberales los que han luchado historicamente por categorizar a los negros como violadores. Pero la violación es cometida por toda clase de hombres, incluso ellos.

Frecuentemente nos encontramos con estas situaciones peligrosas, desafiando al poder y también las nociones de la realidad con que las personas están cómodas. El objetivo del feminismo es hacerse innecesario. Y eso hace que el feminismo sea distinto a otros movimientos políticos del país.

Conectado a la violacíon, está el embarazo forzado. Como feminista radical, soy acusada constantemente de muchas cosas: de odiar a los hombres y de no saber nada. La gente dice ”bueno, si supueras aquello, no dirías esto”. Creo que soy la única persona viva que a la edad de treinta años ha discutido con personas de izquierda de cómo los espermatozoides se unen con el óvulo para entender la sexualidad y la reproducción y de por qué esto es esencial para sobrevivir. ¿Qué se puede hacer? Cuando dicen que no entendés algo, hay que intentar comprenderlo. Así que lo intente y me llevó a una conclusión: cuando se une el espermatozoide con el óvulo, no importa si el acto fue voluntario o no. El embarazo no depende del consentimiento de la mujer para tener relaciones sexuales, solo depende del hecho que tuvo lugar en ese acto. Sabemos que las mujeres quedan embarazadas muy seguido y son culpadas cuando quieren terminar con ese embarazo y que son responsables del sexo todo el tiempo. Ella alimentará al bebé, lo vestirá, decidirá su vida a través del comportamiento. Ella es la responsable de ese niño.

No voy a hablar de derechos reproductivos hoy, solo hablaré del aborto. El asesinato es fundamental: se da en el sexo forzado. Todas las palabras que tienen que ver con el sexo demuestran hostilidad, llamadas también palabras ‘sucias’. Las imagenes pornográficas tienen que ver con esto; hay armas, cuchillos. Nosotras no hicimos esto, las feministas no creamos esto. Pero hoy lo estamos denunciando y esperamos hacerle frente. Las mujeres deben tener acceso al aborto, sin importar lo que eso signifique.

El aborto es fundamental para entender la condición de la mujer. Significa el control total de su reproducción y de su cuerpo. Hay otros derechos reproductivos que necesitamos: no ser esterilizadas en contra de nuestra voluntad – lo que pasa sistematicamente en algunas comunidades a causa de la raza y de la clase (siendo el sexo la precondición).

El aborto es símbolo de la vida de la mujer. El aborto es un delito en este país y por eso mueren grandes cantidades de mujeres de maneras horribles. La muerte por aborto clandestino es tortura. Es una muerte por putrefracción. Es un sangrado hasta la muerte. Las mujeres nunca deben renunciar a la lucha contra la despenalización del aborto, la financiación gratuita y la disponibilidad total para todas las mujeres. Las mujeres que tienen dinero pueden pagarselo cuando deseen y las que no lo tienen, no. Las mujeres reciben menos proporción de dinero por una hora de trabajo en comparación a los varones. Las mujeres tienen el cien por ciento de los embarazados y solo obtienen el setenta por ciento de los dolares. Las mujeres están subordinadas económicamente y esto hace que estén más disponibles sexualmente. Podemos hablar del Capitalismo, la forma en la que funcionan las multinacionales, de cómo se explota la mano de obra barata por motivos raciales y de género, hasta hacer que algunas mujeres sólo tengan para vender sexo, lo que las mantiene sin educación, ya que de todos modos se les paga poco por un trabajo.

En vez de tener acceso al trabajo real y poder ganar dinero (de la misma manera y con las responsabilidades económicas y políticas del sistema de explotación de los hombres), las mujeres trabajan con el trueque. Tener acceso a la igualdad salarial significaría que las mujeres podrían separarse de los varones, en muchos términos.  Esto no tiene nada que ver con ser heterosexual o ser lesbiana, no tiene nada que ver con la propaganda anti-feminista que dice que nosotras buscamos castrarlos. No puedo ni decir todas las cosas que supuestamente haríamos. Todas las mujeres tienen un cuchillo en la cocina y podría hacerlo en este momento. Pero ser independientes es mucho más complejo que eso. Tiene que ver con la necesidad emocional, con la degradación personal, con la necesidad sexual. En esta sociedad es necesario que tengas un lazo con un varón, sea en la casa o en el trabajo.

La explotación económica de las mujeres significa que debemos vender sexo y esto nos hace ser una clase. Muchas leyes se basan en el preconcepto de que las mujeres siempre pueden venderse a ellas mismas. En el ámbito labora, se supone que las mujeres son sexuales, una especie de prostituta: dará sexo por dinero o por trabajo. Eso es parte de lo que las mujeres somos. Es parte de lo que ella es.

Hay diferencias entre el matrimonio y la prostitución. Al igual que en la Prostitución, en el matrimonio hay una institución opresiva y peligrosa. Las mujeres pierden derechos civiles cuando se casan en muchos Estados. Van desde la incapacidad de tener propiedades hasta los derechos del propios cuerpo. Deben tener sexo con su marido cuando él lo diga. Es su derecho legal. Muchas mujeres prefieren el matrimonio a la prostitución por esa razón: es más seguro, es un mejor trato. Esto es por qué muchas mujeres de derecha defienden la castidad y la santidad del hogar. No quieren estar en la calle vendiendo el culo, ¿Vamos a decirles que son estúpidas? No lo son. Ellas entienden el sistema y juegan. Tienen que intercambiar refugio, salud y un poco de seguridad. Como todas las mujeres, se arriesgan.

De manera breve, la prostitución: nos interesa mucho ver como la prostitución se despenaliza. La criminalización de la prostitución deja a las mujeres expuestas al mayor abuso de los proxenetas, pornógrafos y compradores de sexo. Es importante para nosotras, como mujeres, que la prostitución no sea legalizada. Es decir, no deberían criminalizarse a las mujeres prostitutas ni tampoco haber leyes que la regulen. En donde la prostitución está legalizada, las mujeres están presas en los prostibulos. Recomiendo que lean ”La esclavitud femenina” de Katy Barry, que trata sobre la trata a nivel mundial. Vivi en Amsterdam, Holanda, donde la prostitución está legalizada de forma abierta. La gente en esos países vive hasta muy anciana, excepto las prostitutas. Casi no hay problemas con las drogas, excepto por las prostitutas. Ellas usan heoína y morfina, también opio. Nunca pueden escapar del sistema y es porque la policía misma no se los permite. Es ir en contra de los intereses de las mujeres hacer cualquier cosa que haga que mujeres de otros sectores deban prostituirse. Las mujeres se convierten en prostitutas luego de huir de sus casas, a una edad muy temprana. Se escapan porque son abusadas. Son vulnerables a los proxenetas porque no hay aprendido a desarrollar un sistema de autoestima.

La pornografía es un relato muy cercado a la prostitución. La pornografía suele ser el paso anterior. Una vez que entrás, no podés salir.

La pornografía es muchas cosas. Es una industria. Estimamos que maneja unos ocho billones de dolares anuales. El contenido de la pornografía es siempre el mismo. Tiene una calidad universal. O la mujer quiere ser violada o lastimarse, o se da cuenta que es lo que quería en realidad, porque parece que su vida era aburrida antes de todo eso. La pornografía es propaganda de odio contras las mujeres. No solo alienta a la violencia, sino que dice que la amamos. Es un entrenamiento. La pornografía se vuelve cada vez más violenta en todos los sentidos y cada orgasmo vale todo ese dolor. Las mujeres son seres inferiores, son subhumanas.

Nada en este sistema está desligado. La pornografía tiene una relación con la violación, ya que la celebra. Tenemos cantidades de información del uso de la pornografía en violaciones, en víctimas de incesto. Las feministas venimos diciendo esto hace diez años y la autoridades decian que eran mentiras delirantes. Pero alguien empezó a hacer estudios y se dió cuenta que si, la violación tenía mucho que ver. El FBI no descubrió nada.

Lo mismo pasa con las golpizas. A las mujeres les encanta que les peguen; eso dicen las autoridades. Las esposas maltratadas empezaron a hablar. Comienzan a salir del cautiverio que las aterrorizó diez años, doce años, quince años. Cinco años después aparecen sociologos que hicieron estudios y se dieron cuenta que la mitad de las mujeres casadas son golpeadas. Para nosotras eso no es ninguna noticia. Nosotras tenemos una gran técnica: escuchar a las mujeres. Es un método secreto que no dejamos que nadie sepa. Así descubrimos el incesto. Antes las autoridades decían que esto no pasaba y hoy usan nuestras mismas cifras. Y pensamos que esa cifra es demasiado baja. Ya se darán cuenta que también tenemos razón.

La relación entre violación y pornografía no es cuestión de especulación. Podemos hablar de los estudios que se están haciendo, pero te digo que tenemos muchas historias de mujeres que dicen que la pornografía estuvo involucrada centralmente. Sabemos que es verdad. La pornografía es material destructivo. Hay violadores-padres que la utilizan. Hay maridos amorosos, y no tanto, que la utilizan. Es utilizada por la masa de los varones. Ahora, ¿esto en qué nos deja? para mi no hay dudas, pero hay personas que sienten que debemos dejar espacio para la libertad de expresión. No se refieren a la libertad de expresión de las víctimas, sino la de los pornógrafos. Decí cualquier cosa sobre la pornografía y alguien saltará diciendo algo sobre la libertad. Para mi la libertad de expresión es un privilegio que debería darsele primeramente a las víctimas. La gente dice que Linda Marchiano, conocida como Linda ‘Lovelace’, fue golpeada y violada en ‘Garganta Profunda’, no tiene importancia. ‘Garganta Profunda’ es libertad de expresión. La necesitamos, ¿verdad? Pero quizás la libertad empiece con Linda Marchiano.

La Primera Enmienda fue escrita por varones blancos que sabían leer y escribir y poseían tierras. Muchos de ellos tenían esclavos y mujeres. Era ilegal enseñarles a los esclavos a leer y escribir, esto hacía que no pudieran ni preocuparse por la Primera Enmienda. La alfabetización era una señal de clase alta. La Primera Enmienda fue escrita para preservar el poder. Ahora protege otros tipos de poderes, más vulgares. No son poderes aristocráticos. Es poder ligado con el dinero. El poder del proxeneta. No empodera a las mujeres.

Todos queremos pensar en nosotros como individuos. Queremos pensar que nuestras cualidades nos hacen diferentes y es brutal entender, que cuando sos mujer, o negro, o judío, o cualquier otro tipo de condicionamiento por nacimiento, las expresiones individuales no existen, están cerradas.

Muchas mujeres se rebelan en contra del feminismo porque piensan que su singularidad humana no puede expresarse siendo una clase. Las feministas somos portadoras de un mensaje terrible. Queremos cambiarlo. Queremos que cada mujer pueda ser ella misma, que no tenga que conformarse con la función que se le fue dada, una definición de su cuerpo, de su valor, que nada tiene que ver con su personalidad. No somos militantes de la Dominación Masculina, aunque se confundan. Somos denunciantes. Les estamos diciendo que vivir en este mundo significa que ser mujer tiene implicancias políticas y que tenemos que actuar colectivamente, lo que no quiere decir que perdamos nuestras propias personalidades.

No hay nada que las feministas quieran más que volverse irrelevantes. Queremos el fin de la explotación de las mujeres, pero mientras haya violaciones, no habrá paz, ni justicia, ni igualdad, ni libertad. No vas a convertirte en quien sos ni en quien querés ser. No vas a vivir el mundo como quieras vivirlo. Entonces, hay que organizar una agenda. Yo no la tengo: mi agenda es todo lo que puedo llegar a pensar y hacer, es movilizarse y movilizarse y enfrentarse física e intelectualmente con el poder político. Tienen que marchar, gritar, escribir. Es su responsabilidad, para ustedes y para todas las mujeres. Hay algo que no es práctico y es la imporancia de tener claro qué debe hacerse, sin olvidar el mundo en el que vivimos y el mundo en el que deseamos vivir, y cuanto importa eso para una misma y para todas las demás personas. Todos dicen que el cambio es imposible. El cambio no es imposible. No es imposible. Muchas cosas tienen que cambiarse en el mundo. Ahora es momento que empecemos a hablar de la condición de las mujeres, finalmente y para siempre. Esta es mi agenda y les agradezco por escuchar.

 

 

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Economía sexual: la terrible verdad

Por Andrea Dworkin.
Este discurso fue dado a mujeres en Harper & Row, la editorial original de ‘Nuestra Sangre'(1976). Me refiero a esto en el prefacio de Nuestra Sangre en este volumen: los hombres vestidos de traje tomaban notas y yo ya estaba harta. Más tarde, los señores publicaron una versión “editada”. Este es el texto original. Estuve muy complacida de que las empleadas de Harper & Row me pidieran que hablara en un día que habían organizado en nombre de las trabajadoras. Harper & Row era, en ese momento, el único editor sindicalizado en Nueva York, y además había un grupo de mujeres. La mayoría de los trabajadores en la publicación son mujeres, mal pagadas y sin poder. Organizados con abogados y dinero para defender los derechos de los pornógrafos, los editores no permiten que las que trabajan para ellos se organicen como trabajadoras o como mujeres; ni prestan ninguna atención a los derechos de los escritores a la dignidad económica o la integridad creativa. La publicación es una industria apestosa y enferma en los Estados Unidos. Los editores mal pagados y los trabajadores administrativos que escucharon este discurso tenían mucho en común con la mujer que lo escribió: de eso se trata el ensayo. Agradezco a las mujeres de Harper & Row por invitarme.

En ”Women and Economics” (publicado por primera vez en 1898), Charlotte Perkins Gilman escribió: “La hembra depende económicamente del hombre, él es su suministro de alimentos” . Los hombres son nuestro suministro de alimentos, ya sean madres, amas de casa, prostitutas, trabajadores de la industria, trabajadores de oficina o en las profesiones. Los hombres son nuestro suministro de alimentos ya sean heterosexuales o lesbianas, promiscuas o célibes, cualquiera que sea nuestra identidad de clase racial, étnica o definida por el hombre. Los hombres son nuestro suministro de alimentos ya sea que trabajemos por amor o por dinero.

Los hombres son nuestro suministro de alimentos ya sea que vivamos en países capitalistas donde los hombres controlan la industria, la agricultura y el estado, o en países ‘socialistas’ donde los hombres controlan la industria, la agricultura y el estado. Las mujeres saben que la supervivencia material y el bienestar derivan de los hombres, ya sean hombres, padres, marineros, capataces, empleadores o funcionarios del gobierno. La gente dice que el camino al corazón de un hombre es a través de su estómago, pero son las mujeres las que dan su corazón para evitar el hambre. Bajo el sistema de supremacía masculina que ahora arruina nuestro planeta, las mujeres nos definimos primero por nuestras capacidades reproductivas. Producimos bebés. Somos los primeros productores del primer producto. Un producto es aquel que es hecho por el trabajo humano. Nuestro trabajo es el primer trabajo y somos las primeras trabajadoras. Aunque en realidad no todas las mujeres pueden producir bebés, todas las mujeres se definen como las productoras de bebés. Es por eso que las feministas radicales consideran a las mujeres como una clase de personas que tienen en común la misma relación con la producción (reproducción). Trabajamos y producimos bebés.

La materia prima con la que se forman los bebés son la carne y la sangre de la madre, los nutrientes, la esencia de su propia existencia física. Un embrión literalmente se alimenta y se forma del cuerpo de la madre. Es como si el embrión fuera tejido, cosido a puntada, de su carne y su sangre. Una vez que nace el bebé, este producto del trabajo de la madre, hecho de las materias primas de su cuerpo, no le pertenece. Pertenece a un hombre. Pertenece a alguien que no lo produjo y no puede producirlo. Esta propiedad está sistematizada en la ley, la teología y las costumbres nacionales; es sancionado por el estado, santificado en arte y filosofía, y respaldado por hombres de todas las tendencias políticas. Un bebé que no es propiedad de un hombre no tiene una existencia civil legítima. La relación entre la mujer que trabaja y produce y el hombre que posee el producto es a la vez sexual y económica. En la reproducción, el sexo y la economía no se pueden separar ni se pueden distinguir unos de otros. La realidad material de la mujer está determinada por una característica sexual, una capacidad de reproducción. El hombre toma un cuerpo que no es el suyo, lo reclama, siembra su supuesta semilla, cosecha una cosecha: coloniza un cuerpo femenino, lo roba de sus recursos naturales, lo controla, lo usa, lo agota como lo desea, niega su libertad y autodeterminación para que pueda seguir saqueando, avanza a voluntad para conquistar otras tierras que parecen más verdes y seductoras. Las feministas radicales llamamos a este comportamiento exclusivamente masculino “imperialismo fálico” y vemos en él los orígenes de todas las demás formas de imperialismo. El coito es el medio por el cual el macho coloniza a la hembra, independientemente de que el objetivo sea la impregnación (reproducción).

Coger en el matrimonio y, dentro o fuera del matrimonio, se considera como un acto de posesión. El poseedor es el que tiene un falo; el poseído es el que no tiene falo. La sociedad en los países capitalistas y socialistas (incluida China) está organizada para garantizar el derecho imperial de cada hombre a poseer, a coger, al menos a una mujer. En el sexo, como en la reproducción, el sexo y la economía están inextricablemente unidos. En las culturas supremacistas masculinas, se cree que las mujeres encarnan la carnalidad; las mujeres son sexo. Un hombre quiere lo que tiene una mujer, el sexo. Él puede robarla (violación), persuadirla de que la regale (seducción), alquilarla (prostitución), arrendarla a largo plazo (casarse en los Estados Unidos) o poseerla por completo (matrimonio en la mayoría de las sociedades). Un hombre puede hacer todo o parte de lo anterior una y otra vez. Como Phyllis Chesler y Emily Jane Goodman escribieron en ”Mujeres, dinero y poder”: “Es un drama antiguo, un milagro de la moneda: esta compra de mujeres. comprar, especialmente por un alto precio, o para toda la vida, es exactamente cómo la mayoría de las mujeres aprenden lo que valen. En una cultura monetaria, su autoconocimiento puede ser muy exacto. “El acto de violación establece el punto más bajo en la inutilidad femenina. La violación significa que la víctima individual y todas las mujeres no tienen dignidad, ni poder, ni individualidad, ni seguridad real. La violación significa que la víctima individual y todas las mujeres son intercambiables, de todos modos en la oscuridad. La violación significa que cualquier mujer, no importa cuán alta se haya vuelto, puede reducirse por la fuerza o la intimidación al mínimo común denominador: un pedazo de culo. La seducción a menudo es difícil de distinguir de la violación. En la seducción, el violador se molesta en comprar una botella de vino. Además, como escribió Kate Millett en ”The Prostitution Papers”, “la puta está ahí para mostrarnos a las demás lo afortunadas que somos, cuán favorecidas están nuestros señores, cuánto peor podría ser para nosotras”. Para que esa lección sea vívida , no se puede permitir que el dinero de la prostituta traiga consigo autoestima, honor o poder. En el matrimonio, la propiedad masculina del cuerpo y el trabajo de una mujer (reproductiva, carnal y doméstica) es santificada por Dios y / o por el estado. En el matrimonio, un hombre adquiere el derecho legal y exclusivo de acceso carnal a una mujer, que siempre se conoce como “su esposa”. “Su esposa” es la encarnación más alta del valor femenino en una sociedad de supremacía masculina. “Su esposa” es la mujer ejemplar, y por una muy buena razón: en un mundo sin opciones sexuales y económicas viables para la mujer, “su esposa” ha logrado el mejor trato posible. Ella se ha vendido (o, aún en muchos lugares, ha sido vendida) no solo por el apoyo económico de un hombre, que puede o no estar disponible, sino también por protección contra ser violada, seducida u obligada a la prostitución por otros hombres, protección contra los peligros de ser una presa femenina en un mundo de depredadores masculinos. Esta protección a menudo no vale mucho, ya que los golpes a la esposa y la agresión sexual son comunes en el matrimonio. En el matrimonio, una mujer no solo proporciona sexo para el hombre; ella también limpia su casa. Ella hace las tareas domésticas ya sea que ella también trabaje por un salario fuera de la casa o no. Ella hace las tareas domésticas ya sea que viva en un país capitalista o socialista. Ella hace las tareas domésticas porque es una mujer, y las tareas domésticas son estigmatizadas como ”trabajo de mujeres”. No es coincidencia que también sea el trabajo más humilde, aislante, repetitivo e invisible que existe. (Cuando el hombre es rico, su esposa no limpia la casa, sino que se convierte en un adorno y se usa como símbolo de su riqueza). La situación de la dama es una extraña variación de un tema consistentemente cruel.

De acuerdo con la teoría socialista contemporánea, el encarcelamiento de las mujeres en el hogar como domésticas no remuneradas es el rasgo distintivo de la condición oprimida de las mujeres bajo el capitalismo. Cuando las mujeres hacen trabajo productivo por un salario fuera del hogar bajo el capitalismo, los socialistas las consideran como explotadas doblemente: explotados primero como trabajadores por los capitalistas aprovechados y explotados como sirvientes no remunerados dentro del hogar. En el análisis socialista, las mujeres en el hogar son explotadas por el “sistema capitalista”, no por los hombres que se benefician del trabajo doméstico de las mujeres. El propio Marx reconoció que bajo el capitalismo las mujeres eran explotadas brutalmente, como los hombres, como sirvientas domésticas. Por lo tanto, estaba a favor de la legislación laboral protectora para proteger a las mujeres de los peores estragos de la explotación industrial, de modo que estuvieran en mejores condiciones para realizar sus labores domésticas. Los socialistas desde Marx han apoyado la legislación laboral protectora para las mujeres. El efecto de esta caballerosidad socialista es evitar que las mujeres puedan competir por puestos de trabajo en las mismas condiciones que los hombres o para igualar el poder de ganancia de los hombres. En consecuencia, se refuerza el papel de la mujer como doméstico no remunerado y se asegura a los hombres un suministro adecuado de criados reproductivos y carnales. Esta “solución” a “la cuestión de la mujer”, que sirve por completo para mantener el dominio de los hombres sobre las mujeres, tipifica la teoría y la práctica socialista. En Rusia, en Checoslovaquia, en China, el trabajo doméstico es un trabajo de mujeres y las mujeres siguen siendo explotadas como domésticas. La ideología que justifica este abuso arraigado se acepta como verdad evidente en los países socialistas y capitalistas: las mujeres se definen primero como la clase de personas que se reproducen y, por lo tanto, se postula que existe una “división natural del trabajo en la familia”, por eso el hombre se dedica más intensamente a su trabajo, y tal vez a la actividad pública o la superación personal relacionada con su trabajo o su función, mientras que la mujer se concentra en los niños y el hogar “. La noción de que el capitalismo, en lugar de la supremacía masculina sistematizada de la que todos los varones sacan ganancias, es la fuente de la miseria de las mujeres, incluso cuando esa miseria se define estrechamente como trabajo doméstico explotado sin referencia a los abusos sexuales brutales que caracterizan la condición oprimida de las mujeres. El autenticador de esto es la Historia. En todos lados entonces, la hembra se mantiene en cautiverio por el hombre, se le niega la autodeterminación para que pueda controlar sus funciones reproductivas,  cogerla a voluntad, y tener su casa limpia (o adornada). Y en todas partes, cuando la mujer deja la casa para trabajar por un salario, descubre que lleva consigo su condición inferior y servil. El estatus inferior de la mujer se mantiene en el mercado laboral en los países capitalistas y socialistas en cuatro caminos que se refuerzan mutuamente: (1) A las mujeres se les pagan salarios más bajos que a los hombres por hacer el mismo trabajo. En los Estados Unidos, el diferencial salarial entre hombres y mujeres en realidad ha aumentado en los últimos diez años, a pesar de que la ley exige un salario igual. En los países comunistas industrializados, las desigualdades en los salarios masculinos y femeninos eran enormes en 1970, un hecho sorprendente ya que la ley exigía igual remuneración por igual trabajo en la Unión Soviética desde 1936 y en los países del bloque oriental desde fines de la década de 1940. (2) Las mujeres son sistemáticamente excluidas del trabajo de alto estatus, poder concreto y alta recompensa financiera. Extrañamente, en China, donde las mujeres presuntamente sostienen la mitad del cielo, el gobierno es abrumadoramente masculino; lo mismo ocurre en la Unión Soviética, Hungría, Argelia. En todos los países socialistas, las mujeres hacen la mayor parte del trabajo poco calificado y mal remunerado; las mujeres no se encuentran en cantidades significativas en los escalones superiores (si es que hay niveles superiores) de industria, agricultura, educación o cultura. La situación típica de las mujeres en los países socialistas fue descrita por Magdalena Sokolowska, una experta polaca en el empleo de las mujeres en ese país: “Mientras las mujeres trabajaran en las fábricas y en los campos, eso no molestaba demasiado a nadie. Tan pronto como comenzaron a aprender habilidades y pedir el mismo dinero por el mismo trabajo, los hombres comenzaron a preocuparse por la salud [de las mujeres], sus nervios, para reclamar que el empleo no estaba de acuerdo con ellas, y que estaban descuidando la familia”. Por supuesto, los hombres capitalistas tienen preocupaciones idénticas y, en los países capitalistas, a las mujeres también se les niega el acceso a un alto rango, autoridad y poder. (3) Las mujeres se asignan a los rangos más bajos dentro de un campo, sin importar el campo. En los Estados Unidos, por ejemplo, los médicos, los abogados y los profesores plenos son hombres, mientras que las enfermeras, los secretarios legales y los asistentes de investigación son mujeres. Los profesores son hombres mientras que las enfermeras, los secretarios legales y los asistentes de investigación son mujeres. Incluso cuando una profesión está compuesta casi en su totalidad por mujeres, como lo son la biblioteconomía (bibliotecarias) en los Estados Unidos y la medicina en la Unión Soviética, los puestos superiores en esas profesiones son ocupados por hombres. (4) Cuando las mujeres ingresan industria, trabajo o profesión en grandes cantidades, el campo mismo se feminiza, es decir, adquiere el bajo estatus de la mujer.

Las mujeres pueden ingresar a un campo en grandes cantidades porque es poco remunerado en comparación con otras áreas donde los hombres pueden encontrar empleo. En los Estados Unidos, por ejemplo, el trabajo de oficina es un campo recientemente feminizado. Los trabajadores administrativos masculinos, que en 1949 ganaban un promedio de $3213 al año en comparación con $ 2255 para las mujeres, salieron del campo cuando las mujeres se mudaron a los salarios más bajos de las mujeres, que representaban el setenta por ciento del salario masculino. Con la afluencia de mujeres que realizaban labores domésticas para salarios menores, el trabajo de oficina se convirtió en trabajo de mujeres: poco remunerado y sin futuro. En 1962, las trabajadoras de oficina ganaban el 69% del salario masculino; en 1970, ganaron el 64% del salario masculino; y en 1973, ganaron solamente 61% del salario masculino. En la Unión Soviética y Checoslovaquia, el médico, esa profesión exaltada en Occidente, se ha feminizado. Las mujeres se convirtieron en médicas en estos países porque el trabajo era poco remunerado en comparación con el trabajo manual disponible para los hombres. Hoy en día, en esos países, las doctoras son trabajadoras mundanas cuyo salario bajo es apropiado porque las mujeres no necesitan un buen salario. Los profesionales médicos masculinos son científicos y cirujanos de investigación altamente remunerados y de alto estatus.

En general, entonces, las mujeres hacen el trabajo más bajo de la sociedad sea cual sea el trabajo más bajo que se perciba; y cuando las mujeres son las principales trabajadoras en un campo, el campo en sí adquiere el bajo estatus de las mujeres. Por lo tanto, es falso pensar que el estatus inferior de las mujeres se disolverá cuando las mujeres hagan trabajo productivo o ingresen libremente en profesiones de alto estatus. Cuando las mujeres ingresan en cualquier campo en grandes cantidades, el estado del campo en sí se reduce. Los hombres que están dentro lo dejan; los hombres que buscan trabajo no entrarán en él. Cuando los hombres abandonan un campo, toman su prestigio con ellos; cuando los hombres entran a un campo, le dan prestigio. De esta manera, la subordinación de las mujeres a los hombres se perpetúa incluso cuando las mujeres trabajan por un salario y no importa el trabajo que hagan las mujeres. Cuando nos atrevemos a mirar estas amargas realidades económico-sexuales, es como si miramos a los ojos de Medusa. La miramos y nos vemos a nosotras mismos; vemos nuestra condición y es monstruosa; vemos nuestra rabia y angustia en su horrible rostro y, aterrorizados de convertirnos en ella, nos convertimos en piedra. Luego, por consuelo y por miedo, volvemos a mirar a otro lado, a cualquier lugar, a los demócratas, a los socialistas, a los dirigentes sindicales, a los trabajadores, a los homosexuales o a una hueste de figuras autoritarias que prometen libertad en conformidad y paz en autoengaño. Pero no habrá libertad ni paz hasta que las mujeres podamos determinar por nosotras mismas la integridad y los límites de nuestros propios cuerpos, los usos que haremos de nuestros propios cuerpos, es decir, hasta que tengamos absoluta libertad reproductiva y hasta que se terminen los crímenes de violencia sexual cometidos contra nosotras por hombres. Si estas necesidades revolucionarias no son nuestra principal prioridad, seductores y proxenetas de todas las tendencias nos guiarán por el sendero del jardín hacia el ocaso; lo que siempre han hecho: saquear nuestros cuerpos, robar nuestro trabajo y enterrarnos en tumbas sin nombre bajo la maleza de siglos de desprecio.

 

 

 

“El día en que fui drogada y violada” por Andrea Dworkin 

 (Junio, 2000)

El año pasado la autora feminista Andrea Dworkin fue anestesiada con una droga en su trago. Fue violada entonces. Ella describe su horrorosa experiencia para el periódico “New Statesmam” .

Estaba en París. Tenía 52 años. Era el jueves 16 de Mayo, 1999. Estaba en el jardín de un hotel. Estaba leyendo un libro. Literatura sobre el fascismo francés. Estaba tomando un kir royale. Tenía dos. El segundo no sabía bien.  No lo terminé. Me empecé a sentir débil y enferma o algo así y solamente podía pensar en ir a mi cama y no hacer el ridiculo en publico. Pensé ‘dejame llegar a mi habitación, por favor, dejame llegar a mi habitación’’. Había ordenado la cena al servicio de habitación y el camarero, que también había hecho las bebidas, había dicho: “Será un placer servir su cena esta noche.” Me detuve.

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El moretón que no se cura

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En unos días, cumpliré 31. Estoy llena de orgullo y de terror.

El orgullo viene del logro. He hecho lo que quise hacer más que otra cosa en el mundo. Me he convertido en una escritora, publiqué dos libros de integridad y valor. No sé cual de los dos libros me costó más, cuan difícil me fue escribirlos para sobrevivir la oposición a ellos. No me imaginé que me demandarían una implacable devoción, una disciplina espartana, una continua privación material, una visceral ansiedad para sobrevivir y la confianza en mí misma que me hizo más de hierro que de inocencia. También he aprendido a vivir sola, desarrollando una rigurosa independencia emocional, una voluntad autodirigida y un compromiso apasionada con mi sentido de lo justo y lo malo. No solo tuve que aprender a hacerlo, sino a querer hacerlo. He aprendido a no mentirme a mí misma sobre lo valiosa que soy – en el arte, en el amor, en la amistad. He aprendido a tomar la responsabilidad por mi propias convicciones intensas y mis limitaciones reales. He aprendido a resistir la mayoría de las formas de coerción y adulación que me privarían de acceso a mi propia conciencia. Creo que, para una mujer, he logrado mucho.

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Pornografía y derechos civiles de las mujeres

Este discurso fue pronunciado por Andrea Dworkin en la Conferencia de Sensibilización sobre la Pornografía de la Universidad de Duke, Carolina del Norte, en el año 1985.

ANDREA ANTIPORN

Gracias, muchas gracias. Desafortunadamente, también aparecen en las Universidades Penthouse, Hustler, y Playboy. Quiero decirles algo sobre la variedad de la pornografía que existe en este país. Lo que se está haciendo ahora mismo. ¿Qué se está haciendo? lo que se está mostrando, lo que se está comprando.

Lo primero es que hay millones y millones de fotos diarias de mujeres mostradas con sus piernas abiertas y extendidas, mostrando lo que se llama ‘pussy, beaver, bunny’ – son nuestros genitales. Los genitales son atados. A veces son pegados. A veces están pegados hacia atrás, para que se levanten. Están hechos para que salten sobre ti desde la página. Casi como si fuera 3-D. Esto es lo que se supone que es la sexualidad natural de las mujeres.

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La pornografía le sucede a las mujeres

 


(Andrea Dworkin pronunció este discurso en la conferencia titulada ‘Discurso, igualdad y daño: Perspectivas legales feministas sobre la Pornografia y la propaganda de odio’ en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago, el 6 de marzo de 1993)

Click para escuchar el audio en inglés

Durante veinte años, personas que conocen y personas que no conocen dentro del movimiento de mujeres, con su gran amplitud y fuerza, han estado intentando comunicar algo muy simple: la pornografía sucede. Ocurre. Abogados, llámenlo como quieran – llamenlo discurso, llámenlo acto, llámenlo conducta. Catherine Mackinnon y yo lo llamamos una práctica cuando lo describimos en la Ordenanza antipornografía de derechos civiles que redactamos para la Ciudad de Minneapolis en 1983. Pero el punto es que sucede. Le pasa a las mujeres, en la vida real. Las vidas de las mujeres se hacen bidimensionales y muertas. Estamos aplastadas en la página o en la pantalla. Nuestros labios vaginales están pintados de color púrpura para que el consumidor pueda darse cuenta de dónde enfocar su atención. Nuestros rectos se destacan para que sepa dónde empujar.

Estoy describiendo un proceso de deshumanización, un medio concreto de cambiar a ‘alguien en ‘algo’. No estamos hablando de violencia todavía, no estamos ni cerca de la violencia.

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Terror, tortura y resistencia

(Traducción del discurso de apertura pronunciado por Andrea Dworkin en la Conferencia de la Asociación Canadiense de Salud Mental, ‘Mujeres en una sociedad violenta’, celebrada en mayo de 1991)

Estamos aquí por una emergencia. Todos lo saben. Estamos aquí esperando hablar del progreso que hemos hecho, pero sabiendo que las mujeres no están más a salvo de la violación ahora que cuando empezamos. Estoy agradecida a la Asociación Canadiense de Salud Mental por preocuparse por nuestra salud. Porque estoy aqui enferma de muerte. Estoy enferma por el número de mujeres que están siendo brutalizadas y violadas y sodomizadas. Quienes están siendo asesinadas, están siendo desaparecidas. Quien en la cultura de la mujer de la no-violencia, no lastiman a quienes nos están lastimando. Tomamos nuestras propias vidas. Nos suicidamos.  Muchas mujeres que he conocido han pasado toda su vida luchando por sobrevivir, por la desesperación que llevan consigo del abuso sexual que han experimentado en sus vidas. Y son mujeres valientes. Y estas mujeres son fuertes. Y estas mujeres son creativas. Estas mujeres son las que pensaron que tenían derecho a la dignidad, a la individualidad, a la libertad, a la creatividad, y de hecho, no podían ni siquiera caminar por la cuadra de su casa con libertad. Muchas de ellas fueron violadas como niñas en sus propios hogares, por sus familiares.  Por sus padres, por sus tíos, por sus hermanos, antes que fueran ‘mujeres’. Muchas de ellas fueron golpeadas por hombres que amaban. Sus maridos, sus amantes. Muchas de ellas fueron torturadas por esos hombres y  cuando miras lo que les sucedió a estas mujeres, dices, ¿Amnistía Internacional, dónde estás? ¿Dónde estás? Porque las cárceles para mujeres son nuestro hogar. Vivimos bajo una ley marcial. Vivimos en donde la cultura de la violación existe. Esas son las casas de las mujeres, donde ellas viven. Los varones tienen que ser enviados a la prisión, para vivir en una cultura que sea tan ‘violadora’ como lo es cualquier casa de Norteamerica. Vivimos en lo que equivale a un toque de queda militar. Forzadas por violadores. Y solemos decir que somos ciudadanas libres en una sociedad libre. Mentimos, mentimos todos los días sobre eso.

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