El liberalismo sexual y las sobrevivientes de abuso sexual

Texto original: Valerie Heller

Traducción: Francisca Monti
Los liberales sexuales crean mitos para disfrazar y distorsionar el efecto de los comportamientos abusivos que sufren las victimas de incesto y abuso sexual infantil. Estos sirven para absolver de toda responsabilidad tanto al abusador como a la sociedad, plantando la culpa de dicha opresión sobre la victima misma. Distorsionan nuestro sentido de la realidad, para que aquellos a los que se esta hiriendo, no lo sientan de ese modo, y para que los que provocan daño no crean que lo estén haciendo.
Como feminista y sobreviviente de incesto, que incluye violaciones y pornografía infantil, estoy nombrando los crímenes que los liberales niegan. El incesto y el uso de un menor por parte de un adulto ya sea un padre, una figura paterna, o un pedófilo, es un delito. Son muchos los crímenes que se cometen en un solo acto de violación sexual. Siempre hay agresiones y golpes. Hay armas, tanto tangibles como no tangibles. Para la niña/o, la no tangible es la extorción emocional. Otras incluyen la amenaza de muerte, pronunciada por el violador y temida por la victima.
Desde 1980, como líder dentro del movimiento anti-incesto, y como terapista trabajando exclusivamente con víctimas, he escuchado el dolor de miles de mujeres que sobrevivieron al incesto, al abuso sexual infantil, y a agresiones físicas. Experimente una profunda tristeza a medida que iba aprendiendo sobre la mutilación sexual que algunas mujeres sobrevivientes realizan, intentando “arreglarse”. Este comportamiento, que no hace más que simbolizar lo que le sucedió a la víctima en su infancia, es un intento desesperado para sanar como adulto.
Me enfurece pensar en las miles de mujeres que intentaron suicidarse para terminar de una buena vez con esa experiencia de abuso.
El suicidio es una manera de expresar el dolor que están sufriendo. El peor agravante es que en la mayoría de los casos las victimas no fueron escuchadas o, en su defecto, se las trataba de mentirosas.
Debemos considerar el daño que abunda en el desarrollo sexual de una niña que ha sido víctima de abuso infantil. Recuerden que no me refiero a una violación única y aislada, sino a cientos de abusos sexuales con los que niños tienen que lidiar a medida que van creciendo. Hablo de múltiples actos que pueden haber durado años y hasta pudieron ser ejecutados por más de un abusador. Hablo de una condición social que afecta al 25% de las mujeres.
Muchas que han sido violadas reiteradas veces, como yo, creen que esto les ha robado la sexualidad, pero no es asi. Creo que nuestra sexualidad es algo que no se nos puede arrebatar. Pero sin dudas ha sido violentamente atacada. El sexo era una herramienta que mis abusadores utilizaron para desprestigiar mi autonomía. En el pasado medía mi autoestima en base a mi desempeño sexual, el cual no tenía nada que ver con mi sexualidad. No tenía nada que ver con que tan excitado estaba el hombre, que tan satisfecho, o lo la lujuria que yo pretendía sentir. Mi sexualidad como experiencia de mi energía sexual, es algo que actualmente estoy reconociendo y experimentando por primera vez.
No ser capaces de distinguir entre lo que es abusivo y doloroso de lo que es deseado y placentero es el centro del odio que muchos adultos sobrevivientes de violaciones infantiles sienten hacia sí mismos. En una conversación que tuve con una sobreviviente, ella dijo “Creía que era una puritana frígida porque no me excitaba la violación. Estaba convencida de que la errada era yo por no disfrutar del dolor durante el sexo.” Siguió con lo siguiente:
“Cuando los hombres me acosaban en las calles pensaba que genuinamente no podían controlarse porque yo era una mujer atractiva. De niña me enseñaron que debía ser atractiva, por lo que este tipo de respuesta eran halagos, significaban que era una mujer exitosa. Cuando fui abusada de niña aprendí que la forma de transformarme en mujer era teniendo sexo. Así que mientras más satisfecho se sentía el hombre con mi desempeño sexual, eso significaba que yo era una mujer mejor. No tenía nada que ver con mi placer, solo con el del hombre.”
Los mitos no son solo hechos sin respaldo. Son un colectivo de creencias que no pueden ser probadas pero que a su vez son aceptabas sin una mínima critica, y usadas para justificar una institución social. Dicha institución, en este caso, es la opresión de la mujer mediante la subordinación sexual, lo cual incluye: incesto, abuso sexual infantil, pornografía, prostitución y violencia de género (entendida como actos de violencia física del hombre hacia la mujer como pueden ser golpes, empujones, etc).
Los mitos de los que hablo son aceptados tanto por las personas que sufrieron abusos, por como las que no. Fue muy doloroso para mi darme cuenta de que, como sobreviviente de dichas violaciones, yo había creído en esas mentiras. Ahora entiendo el porqué, esta aceptación me ayudaba a defenderme emocionalmente de la horrorosa realidad que vivía. Probablemente fue lo que me mantuvo viva. De muy chica prendí a distorsionar mis percepciones de lo que era ser una niña y una mujer para que encajaran con los dichosos mitos. No tengo duda de que si hubiera sido consciente de lo que viví en mi infancia desde el principio, habría sucumbido en la locura, pero la pregunta es ¿Por qué los que no vivieron un abuso en sus primeros años de vida creen en estas mentiras?
Una respuesta a esta incógnita puede venir de la mano de otro mito, creado específicamente para invalidar la realidad de las adultas que sufrieron abuso infantil. El mito es que dichas adultas ven el abuso en todas partes. Entonces cuando uno se niega a situaciones de abuso ya sea en contra suya o de un tercero, se los tacha de ser “demasiado sensibles” debido a lo que vivieron, prácticamente se les dice que lo están imaginando. Lo que resulta en situaciones donde el ‘no’ de la sobreviviente no es aceptado, el abuso es visto como inocente, y la realidad de la víctima como una fantasía. La verdad es que no somos “demasiado sensibles”, sino que sabemos cómo luce un abuso, como se siente, y las consecuencias que trae.
Otro mito dice que las mujeres necesitan el dolor para sentir durante el sexo, lo cual es traducido, mayoritariamente por los hombres, en “le gusta, lo quiere, lo necesita”. Esto se repite para excusar el comportamiento del abusador: es aceptable cuando el dolor es visto como deseable. Lo cual significa que nadie tiene que reconocer que una mujer o un niño está siendo abusado. La pregunta que lógicamente se tendría que formular es: ¿A quién le gusta ser reiteradamente golpeado, violado, drogado, y hasta privado de alimento? A nadie, ya sea animal o humano. Pero, de cualquier manera, existen personas que creen que nos gusta, lo queremos, lo necesitamos.
Cuando este mito es internalizado por sobrevivientes, el resultado son mujeres que producen testimonios como el siguiente: “ Las experiencias sadomasoquistas en nuestra adultez es la manera de sanar las heridas producidas por el abuso sexual en nuestra infancia”. Discrepo totalmente. El sadomasoquismo refuerza las tendencias del sobreviviente al odio propio, es lo único que hace. No es más que abusos y golpes. Uno puede empezar a sanar cuando reconoce ese abuso.
La creencia de que las mujeres existen solo para estar pendientes de los deseos sexuales de los hombres es el principio central de la perpetuación del abuso infantil. Los abusadores razonan su comportamiento porque ven al niño como su propiedad sexual, los padres adoptivos ven a los niños que han sido víctimas de violaciones como mercancía dañada, por lo que tienen permitido abusar de ellos. Nuevamente algunos sobrevivientes de incesto y abuso sexual infantil internalizan este mito. De manera automática, las mujeres persiguen obsesivamente los actos sexuales si el otro no las inicia, como si las relaciones interpersonales dependieran de los mismos.
Otro mito liberal se basa en que las victimas realmente quieren sufrir el abuso porque solo se paralizan y no hacen nada para detenerlo. Esta es una justificación ya que a la niña se le enseña a quedarse quieta y no resistirse. Ya siendo adulta, este mito refuerza los patrones de sumisión aprendidos: las sobrevivientes creen que no le pueden decir ‘no’ a los deseos sexuales de una persona que creen querer. Negarse significa ser desacreditados, rechazados por la otra persona. Decir que no significa que la victima tiene confianza suficiente para percibir la realidad y sus propias necesidades. Como adultas, las sobrevivientes creen que no parar el abuso es resistirlo, lo cual no es verdad. La internalización de este mito en el caso de las mujeres que fueron víctimas se ve demostrada cuando se dice que ir debajo de los hombres en las relaciones sexuales “es tener poder” y que las prostitutas son dueñas de sus cuerpos. No están resistiendo, es más, están reforzando el condicionamiento del abuso. Los miedos y sentimientos que padecieron en su infancia están siendo activados nuevamente. Nuestra opresión continúa cada vez que no rechazamos el abuso.
El mito tradicional que se aplica específicamente a las sobrevivientes es que se niegan a la interacción sexual porque hay algo mal en ellas, pero la verdad es que para muchas, la abstención es parte del proceso de recuperación. Y esta decisión muchas veces no es deliberada, uno no se sienta y dice que a partir de ahora no es más sexualmente activo, sino que inconscientemente se reconoce el abuso sufrido de pequeño. Esta realización, frecuentemente altera la realidad de la víctima. Ser sexualmente activo puede generar sentimientos, miedos y hasta flashbacks del abuso, lo que pueden producir momentos de extrema confusión. Es recomendable abstenerse a las relaciones sexuales, por el periodo de tiempo que la sobreviviente crea necesario, como parte de la sanación. Hay que recordar que algunas sobrevivientes han estado pendientes de la satisfacción sexual de los demás desde el momento de su abuso, así que este periodo sin actividad sexual puede ser la primera vez en la que se dan la posibilidad de explorar su propia sexualidad.
El último mito se aplica solo a las sobrevivientes. A veces sentimos que ejercer la intensidad de nuestra energía sexual nos va a destruir, nos hará desaparecer. Esto es uno de los mayores miedos que sufrimos las víctimas de abuso infantil. Los estados de excitación sexual, extraños para el cuerpo y la mente de un niño, el terror, el dolor indescriptible y el devastador abandono por parte de los adultos que supuestamente nos amaban, están fuertemente ligados a nuestra sexualidad. Ya en la adultez, cuando experimentamos la intensidad de nuestra energía y excitación sexual, muchas de nosotras nos disociamos de nuestros cuerpos, de la misma manera que lo hicimos de pequeñas.
Quedarnos en nuestros cuerpos presentes como adultas durante un orgasmo, significa para muchos el primer contacto con su propia sexualidad. Comenzamos a tomar control, decidiendo cuando decir que si a la estimulación sexual y cuando no. Nos separamos de los patrones dañinos que sufrimos en nuestra niñez, y aprendemos a asociar a nuestras experiencias sexuales adultas con empoderamiento y autonomía. Hablamos sobre nuestras experiencias, primeros con nosotras mismas, y después con las demás. Cada paso que damos nos regala más fuerza renovada. Cuando desafiamos todos los mitos (aquellos que internalizamos, y también los que nos han sido impuestos) comenzamos a liberarnos de la prisión que nuestros abusadores construyeron para nosotros y a reclamar nuestra sexualidad.

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Sobre la erotización de la sumisión de las Mujeres (por Sheila Jeffreys)

Texto original escrito por Sheila Jeffreys

Traducción al español por Oriana Winchester

Quiero hablar sobre la construcción de la sexualidad de las mujeres alrededor de nuestra subordinación, y que podemos hacer al respecto como lesbianas y mujeres heterosexuales.

Esto se ha convertido en un problema crucial debido a la reacción violenta, desarrollada por mujeres que dicen ser feministas, contra aquellas de nosotras que luchamos contra la pornografía. En un principio, cuando empezamos a luchar contra la pornografía y la violencia sexual masculina, parecía algo sencillo.

Nunca fue realmente una lucha sencilla, ya que las mujeres en el movimiento feminista británico contra la pornografía a menudo se sentaron con grupos y admitieron, aunque no al principio, que no era fácil, que el material más anti-mujeres con el que estábamos tratando podría hacernos enojar. Las feministas individuales que tenían ese tipo de reacción frente a la pornografía que estábamos analizando para tratar de hacer algo al respecto, se sentirían culpables y aisladas. Nos sentiríamos especialmente así cuando otras mujeres en el grupo dirían que no podían imaginar cómo alguien podría ser convertida en este material.

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En busca de una práctica feminista de la sexualidad

Traducción al español: Francisca Monti

Texto original en inglés de Wendy Stock

El movimiento feminista se encuentra, actualmente, en un profundo estado de división en relación a donde ubicar la sexualidad dentro de la práctica y la teoría feminista. Representando ambos extremos de la escala sobre la respuesta a la pornografía y la visión de la sexualidad se encuentran FACT (en español: grupo de trabajo anti censura  feminista) y WAS (en español: mujeres en contra del sexo). Aunque yo adhiero más al análisis de WAS, considero que las posturas de ambos grupos generan limitaciones y descuidos teóricos. Soy una psicóloga clínica feminista especializada en la investigación y el tratamiento del área de la sexualidad.
El descuido más notable de la posición de FACT se encuentra en la aceptación tacita de la construcción actual de la sexualidad por parte del patriarcado, y la creencia de que las mujeres solo necesitamos “apropiarnos de nuestro pedazo de pastel” para alcanzar la liberación sexual (Gayle Rubin, 1984; Jessica Benjamin, 1983; Ellen Willis, 1983). Esta posición es similar a la de algunas feministas de clase media que creen que, mejorando el estatus social y económico de algunas mujeres, mientras que el sistema político actual queda intacto, se alcanzaría una sociedad justa.
WAS, en cambio, se posiciona erradamente en el extremo opuesto, asumiendo que toda práctica sexual que se realiza dentro del sistema patriarcal está construida bajo el mismo patriarcado. Este punto de vista, por definición, no permite la existencia de una visión o práctica sexual feminista, y asume el control absoluto de esta, por parte del patriarcado.
Ambos FACT y WAS creen que, actualmente, la construcción patriarcal de la sexualidad representa la totalidad de la misma, la cual debe ser adoptada con entusiasmo (FACT) o rechazada completamente (WAS). Las limitaciones de estos puntos de vista, respectivamente, indican ,por un lado, un análisis de la sexualidad dependiente de la cultura pero ignorando el contexto y, por otro lado, un análisis absolutista y estático del sexo.  Lo que falta desarrollar es una mirada sobre la sexualidad que nos permita conseguir un cambio feminista, incluso antes de la caída del patriarcado. Esta práctica feminista de la sexualidad debe incorporar una crítica radical del sexo patriarcal y sobreponer la consciencia de las condiciones sexuales de subordinación a las que las mujeres están acostumbradas hoy en día.
Primero discutiremos la posición de FACT. Aceptando la idea de sexualidad que se tiene en la actualidad, sin critica de por medio, FACT se equivoca asumiendo que lo que se ve en el sexo actual, es la expresión natural de la sexualidad. Adherirse  a este punto de vista significa que se  ignora como el patriarcado ha moldeado y determinado la sexualidad mediante la erotización de la jerarquía del poder en todos los niveles de la sociedad. Ehrenreich et al., en “Rehaciendo el amor” erróneamente disocia  el sexo de su contexto político: “ Para las mujeres, la igualdad sexual en relación a los hombres se ha convertido en una posibilidad, mientras que la igualdad económica y social permanece fuera de alcance” (B. Ehrenreich, E. Hess y G. Jacobs, 1987) Marx dijo que toda institución social refleja la distribución injusta del poder por la cual se caracteriza el capitalismo. Dentro del análisis feminista se encuentra la teoría de que todas las instituciones sociales, incluyendo la sexualidad, representan el poder que los hombres tienen por sobre las mujeres. Como lo señalo Catharine MacKinnon, el trabajo es al Marxismo, lo que la sexualidad es al Feminismo (Catharine MacKinnon, 1982).
Muchas mujeres se encuentran defendiendo y aceptando la noción patriarcal del sexo. Ellas creen que la erótica necesita de la relación desigual del poder, y que nuestros “guiones eróticos” son las expresiones de nuestros deseos infantiles frustrados (R. Stoller, 1979). Por lo tanto, todo erotismo es visto como si estuviera gobernado por la fantasía de la retribución, por un intento de restaurar el balance de poder, haciéndole a otros lo que se le ha hecho a uno mientras era un infante indefenso. El erotismo, desde esta posición, es definido como la promulgación de dominante o sumiso comportamiento sexual , que se producen de manera reiterada por sus supuestos efectos catárticos. Este modelo de sexualidad presupone a esta dinámica como innata y natural. Las mujeres que se autoproclaman feministas y adhieren a esta teoría creen que la manera de alcanzar la liberación de las mujeres es invirtiendo las posiciones de oprimido y opresor en las circunstancias sexuales. Como afirma Ehrenreich et all. “ La mujer que vive en los suburbios y se excita mientras mira a un hombre stripper está pagando para invertir la relación usual entre hombre y mujer, consumidor y objeto. En el extremo opuesto de este espectro cultural , un practicante del sadomasoquismo se enfrenta a una desigualdad social por encapsular esto en el drama de dominado y dominante (B. Erenreich et al., 1987). Convertirte en una dominatriz (en ingles dominatrix, es un concepto que se utiliza para referirse a la mujer que ejerce el rol de sádico en las relaciones sadomasoquistas) y asumiendo una posición de completo control por sobre su compañero sexual o  “eligiendo” ser  subordinada en el sexo, lo cual nos debería sacar de nuestra posición de víctima.
La advocación de las mujeres hacia el sexo patriarcal es parte del fenómeno de la identificación con el opresor, muy parecido a lo que les ocurre a los prisioneros con sus carceleros.  Lenore Walker, en La Mujer Maltratada (The Battered Woman) ha observado que las mujeres que han sufrido maltratos a veces planean en momento en el cual sus abusos van a ocurrir con la intencionalidad de precipitarse a un episodio traumático (Lenore Walker, 1979). En una relación abusiva, se da por sentado que la violencia entrara en juego, y adelantándose a esta, se crea la ilusión de que la mujer está tomando el control de su situación. En una cultura en la cual la mayoría de las mujeres experimenta, mínimamente, una forma de agresión sexual (violación: 15-44%; abuso sexual infantil o incesto: 38%; abuso por parte de la pareja: 50%; acoso sexual: 88%), una cultura en la cual la violencia sexual esta naturalizada, las mujeres desarrollan mecanismos psicológicos para hacerle frente a esta inevitable violencia. Este fenómeno también puede explicar porque muchas mujeres se excitan con la idea de ser violadas. Cito una carta anónima que fue enviada a Off Our Backs, un diario feminista que reporta problemas culturales a escala nacional e internacional: “Si las mujeres fueran capaces de disfrutar ser violadas, esto significaría alcanzar algún tipo de dignidad e igualdad, y se convertiría en una fuente de poder. Yo veía el disfrute de la violación como una victoria por sobre los hombres, porque arruinaba sus intentos de lastimarme. Usualmente, cuando las mujeres parecen estar cediendo frente a la opresión en realidad están intentando adaptarse a la violencia y dominación masculina” (Anonymous, 1986).
Yo creo que este es el fenómeno al cual se refería Sheila Jeffreys cuando habla de que las mujeres aprendemos a sentir “placer” en nuestra propia subordinación. Tales fantasías pueden ser interpretadas como intentos de establecer una suerte de control subjetivo en relación a la amenaza o realidad de la coerción sexual.  Las mujeres que disfrutan de la pornografía o las fantasías  de violación no son rebeldes, como si afirmaba Ellen Willis (Ellen Willis, 1983); es más, son como esclavas que buscan adaptarse a lo que parece inevitable. Glorificando esta opresión interna como si fuera una celebración erótica utilizando términos erróneos como “rebelde”, es que FACT malinterpreta y perpetua la psicología del oprimido.
Cuando las mujeres defienden la pornografía y el sexo patriarcal con la idea de convertirlo en propio, están precipitándose a el abuso sexual de la misma manera que lo hacen las que se encuentran en relaciones violentas. No necesitamos definir nuestra liberación como la aceptación de la desigualdad erótica que tanto excita al patriarcado.
Las maneras aparentemente dicotómicas en las que FACT y WAS se ocupan de la sexualidad contienen una gran similitud con las reacciones de los sobrevivientes de incesto y abuso sexual infantil. Mientras que algunos desarrollan insuficiencias sexuales y evitan el sexo, otros reaccionan de manera opuesta, iniciándose en el sexo de manera indiscriminada, o hasta se convierten en prostitutas. Varios estudios han indicado que 50% de las prostitutas han sido abusadas sexualmente de pequeñas (J. James & J. Meyerding, 1977). La posición de FACT frente a la sexualidad parece representar este segundo caso, de manera que se identifican con el opresor y adoptan su punto de vista en relación al sexo. Siguiendo esta línea, los miembros de FACT intentan apropiarse del sexo pero no cuestionan la dinámica de oprimido-opresor. FACT parece creer en lo siguiente: “Esta bien, nos categorizan como malas mujeres, les mostraremos que tan malas podemos ser”. Irónicamente, este intento de autodefinición y rebelión en contra de la subordinación sexual es en realidad una aceptación de los paradigmas sexuales impuestos por el patriarcado. FACT ha perdido la habilidad de distinguir entre una idea de sexualidad que resulte positiva para las mujeres, y la noción patriarcal de lo que son las prácticas sexuales.
Otra respuesta que se le ha dado al incesto es, directamente, evitar las relaciones sexuales y no ser capaz de diferenciar entre una práctica de la sexualidad coercitiva y una no coercitiva. Sobrevivientes del incesto tienden a involucrarse en situaciones en donde son lastimados, sintiendo que es lo que se merecen o que ese abuso constante es algo inevitable cuando hablamos de relaciones sexuales. En los tratamientos, un periodo de celibato es recomendado a la mujer para que pueda curar sus heridas apropiadamente. WAS afirma que es necesario rechazar todo tipo de práctica sexual dentro de la estructura social actual ya que ninguna puede ocurrir  fuera de  el contexto de coerción ya sea implícita o explícitamente. Este grupo hace hincapié en la idea de que no podemos confiar en nuestros sentimientos, algo común entre los sobrevivientes del incesto. Es verdad que el patriarcado puede haber corroído nuestra capacidad de distinguir entre el sexo que es consensuado, mutuo e igualitario del que es violento y explotador.
Según WAS, nada bueno puede salir de cualquier práctica sexual que realizamos dentro del patriarcado. Si una adhiere a esta premisa, discutir sobre formas saludables de expresión sexual termina siendo irrelevante. Es esta afirmación la que constituye el mayor problema en relación a la position de WAS. En realidad, el patriarcado es desafiado de manera diaria. Mientras que las huelgas son tácticas efectivas a la hora de buscar la negociación de salarios y derechos, en relación al tema de la sexualidad, buscar alternativas creativas para el problema debería ser tratado con la misma importancia. Esto podría ocurrir gracias a un dialogo entre feministas, mientras se implementan, critican y reforman las prácticas sexuales.

Con el incesto aprendemos a no confiar, porque nuestra confianza ha sido cruelmente violada. También aprendemos a disociar nuestras experiencias  carnales de todo acto sexual, y a separar el sexo de toda experiencia amorosa valida. De igual manera, el significado y práctica del sexo dentro del sistema patriarcal se ha vuelto sinónimo de subordinación. Desconfiando de nuestra capacidad de distinguir entre el sexo que es deseado y el que no, nos parecemos a los sobrevivientes de incesto, los cuales sufren de flashbacks muy escalofriantes en los cuales la división entre el pasado y el presente se torna borrosa. Sin embargo, con terapia, los sobrevivientes de incesto pueden llegar a diferenciar los abusos pasados de las experiencias del presente, lo cual les permite tomar control de sus vivencias sexuales y así elegir compañeros con los que se sienten seguros. Estos avances no se producen cuando se evita el sexo a toda costa. Estoy proponiendo la idea de que, independientemente de la sociedad imperfecta y misógina en la cual vivimos, la recuperación y el crecimiento son posibles, aun en el área sexual.
Al vivir dentro del patriarcado, este influencia todos los aspectos de nuestra vida, incluyendo la sexualidad. Cambiar esto no va a ser posible si nos abstraemos completamente de esta realidad. Lo que si podemos hacer es elegir abandonar esas relaciones individuales en las cuales se nos oprime y no podemos ejercer nuestra sexualidad sin el peso de la desigualdad.
Una característica de toda relación sexual es el peso de la desigualdad de género, la cual debe ser detectada y erradicada. Muchas veces abandonar vínculos es un acto de supervivencia. Otras veces, en cambio, no demandar un cambio es una manera de apoyar la privación de nuestros derechos. Demandar cambios en las instituciones y en las relaciones es crucial para comenzar a destruir al patriarcado.
Hay muchos otros ejemplos de cambios sociales que han sido implementados de manera exitosa a gran escala. Uno siendo la implementación de assertion training (una manera de enseñar a las personas a comunicarse con confianza y así conseguir lo que quieren sin molestar al resto), lo que permitió que se vea esto como una cualidad sana y normal en las mujeres. Este entrenamiento pretende ayudar a uno a identificar sus derechos básicos y a comprender su propia integridad. Aunque esto se dio en un contexto social de desigualdad de género en el que las limitaciones de esta práctica pueden ser varias, ha producido cambios significativos en los comportamientos individuales y colectivos de las mujeres. No fue necesario esperar una revolución para poder implementar este cambio.
Se reconocen comportamientos típicos de las personas que evitan el sexo, por ejemplo, contar historias no ciertas, cambiarse dentro del closet, quedarse despierta hasta que el compañero se duerma, y hasta hacerse ver fea a una misma. Esto ocurre ya que estas mujeres sienten que no pueden resistirse a tener relaciones sexuales cuando las mismas no son deseadas, o ya que siempre que se han negado se las ha castigado de manera física y verbal. En estos casos, el sexo no es el problema principal que se trata en terapia; se hace más hincapié en la idea de una mejor distribución del poder en la pareja y la ruptura del vínculo si el compañero se niega a aceptar el cambio. Algunas relaciones cuentan con el potencial para reconocer esta desigualdad y revertir la situación, con el objetivo de que la mujer pueda experimentar y descubrir lo que le da placer y así implementarlo a la pareja. Esta experiencia positiva ha sido rechazada por WAS ya que la consideran como una construcción del deseo bajo la imagen opresiva del patriarcado.
WAS se niega a reconocer la práctica feminista de la terapia sexual como fructífera y reconoce a los libros de auto ayuda sexual como pornografía. Esta descripción podría ser aplicada a varios libros excelentes que intentan ayudar a las mujeres con problemas sexuales, como por ejemplo Camino al Orgasmo (J. Heinman, L. LoPiccolo & J. LoPiccolo, 1976) y Para Uno  Mismo (L. Barbach, 1975). Estos libros motivan la exploración y el descubrimiento de lo que la excita a una mujer en sentido individual. Los ejercicios que WAS categoriza como “masturbación ensayada” en realidad son sugerencias que pueden ayudar a la mujer a conocer el área vaginal de manera visual con la ayuda de un espejo y del tacto, para identificar las partes sexualmente sensibles. La meta de estos ejercicios es que la mujer sepa reconocer que es lo que realmente la complace y que su conocimiento sobre las cuestiones sexuales no dependan de su compañero. En ambos libros, el foco no está puesto en el orgasmo durante la relación sexual;  en cambio, se focalizan en técnicas alternativas que se encuentran más asociadas con el disfrute del sexo por parte de las mujeres. Entre los libros más recientes se encuentran El Coraje de Sanar (E. Bass & L. Davis, 1988) e Incesto y Sexualidad ( W. Waltz & B. Holman, 1987), los cuales tratan problemáticas feministas y, también, maneras en las cuales los sobrevivientes del incesto pueden sentirse mas cómodas para contar sus experiencias, ya sea dentro o fuera de un contexto terapéutico. Este tipo de tratamiento representa una gran desviación del psicoanálisis de Freud, de los mitos sexuales de los 50 y de la manera patriarcal en la cual se define el sexo en general. Mientras estos cambios se están dando en un contexto de desigualdad de género, siguen existiendo partes del feminismo que están en su contra.  Desde mi experiencia clínica puedo afirmar que los cambios que se han generado en las terapias sexuales feministas son empoderantes y bienvenidos.
Adoptando plenamente el modelo de sexo impuesto por los hombres y a creencia de que todo sexo es buen sexo o, por el contrario, evitando el sexo por la cuestión de que nuestra sexualidad está construida en base a la subordinación, estamos actuando en respuesta al patriarcado. Otras alternativas son posibles. El cambio social no surge de la nada misma; se va construyendo a partir de mutaciones sociales, de las cuales algunas son feministas y otras no. Necesitamos detectar estos elementos feministas y usarlos, descartando el resto en el proceso de redefinición de nuestra sexualidad con análisis, práctica y mas análisis. No necesitamos esperar, ni debemos esperar la revolución. No hemos esperado para cambiar los sistemas de los trabajos de la casa, del cuidado de los niños, no hemos esperado para crear grupos de mujeres organizadas para terminar con la pornografía, el abuso y la violación. Sheila Jeffreys hablo sobre compartir fantasías sexuales con otras feministas, incluyendo las que se trataban de violaciones, con el objetivo de examinarlas, entender su origen y, eventualmente, terminar con ellas. Un formato basado en la consciencia  puede llegar a convertirse en una buena práctica  feminista de la sexualidad.
Mi oposición apasionada hacia la pornografía y mi compromiso al movimiento anti pornográfico está motivado, no solo por mi enojo por las violaciones, el abuso y la subordinación sexual que los hombres ejercen en nuestra contra, sino también por la esperanza de que las mujeres podemos desarrollar nuestro propio modelo sexual basado en el intercambio de iguales y no en la dinámica de la sumisión y la dominación. Tanto FACT como WAS se posicionan dentro de miradas muy limitadas: FACT negando la posibilidad de una alternativa al sexo patriarcal y WAS afirmando que crear alternativas no es una manera de resistirse al patriarcado.
Todas las feministas somos fracasos sociales. Si el patriarcado funcionara de manera perfecta, no existiríamos. De alguna manera logramos ver los problemas y evadimos los intentos del patriarcado de lavarnos el cerebro. Consecuentemente, tenemos la habilidad de imaginar una nueva alternativa a la sexualidad, y esta en nuestras manos crearla. Debemos continuar con nuestros cuestionamientos y, a través de la teoría feminista, debemos desintoxicarnos de esta cultura que odia a las mujeres. Gracias a estas experiencias estamos formulando nuevas maneras de vivir. Deconstruir la sexualidad patriarcal y abstenernos del sexo patriarcal puede llegar a ser una etapa en la articulación y la creación de una sexualidad feminista, de la misma manera que los negros y las lesbianas decidieron hacer cuando se separaron de su contexto opresor para así definir de manera más eficaz sus movimientos. No nos podemos rendir en el tema de la sexualidad; no podemos ignorar esta problemática como si la misma fuera una abominación patriarcal.
Si nos negamos a nuestra propia sexualidad, estamos rindiéndonos frente a nuestra lucha contra el patriarcado, ya que estaríamos aceptando su versión del sexo. Debemos mantener una idea de lo que lo erótico puede llegar a ser. Para resistir la estructura social que nos quiere arrancar esta parte vital de nuestras vidas, debemos nutrir nuestra sexualidad con una consciencia crítica y feminista.

”Cuando las mujeres defienden la pornografía” por Dorchen Leidholdt

Traducción: Daniela Crea

Me gustaría hablar de la teoría subyacente al pensamiento y a la acción de parte de los movimientos contemporáneos de mujeres que se identifican como “prosexo”. Estos incluyen al Equipo Operativo Feminista AntiCensura (FACT por sus siglas en inglés), No Más Niñas Buenas, las veteranas de Samois y los editores y escritores de On Our Backs, The Power of Desire, Coming to Power and Pleasure and Danger. Estoy hablando de todos esos grupos e individuos que han etiquetado al movimiento feminista antipornografía como “antisexo”.

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”Resistencia” por Andrea Dworkin

Traducción: Lucia López
Ha sido un placer increíble estar aquí hoy, porque había comenzado a parecer
que el movimiento de las mujeres se había convertido en una especie de rojo de
protección sexual, y que nuestro único propósito en la tierra fuera aseguranos
que nadie dañara al sexo , que nadie hablara mal de él, que nadie tuviera
mala actitud hacia él, que ningún asqueroso pensador político que
hiciera algo más incómodo al respecto. Y, por supuesto, en el sentido más
material, esto es significado defensas consistentes a la industria pornográfica. Y donde
no ha habido ninguna defensa política agresiva de la industria pornográfica,
ha habido la pasividad, apatía e indiferencia más sorprendente de parte
mujeres que están en lo profundo de sus corazones son feministas, pero no salen a la
calle para hacer algo por las mujeres que están siendo heridas.

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“Dejando de mirar a los hombres” por Sonia Johnson

[Sonia Johnson (nacida como Sonia Ann Harris) es una escritora, feminista y política estadounidense. Nació en 1936 y fue criada bajo fuertes preceptos religiosos. Formó parte activa de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días hasta que fue excomulgada por sus potentes críticas a las posturas anti-igualitarias de dicha congregación. Luego, su marido pidió el divorcio y Sonia continuó su activismo, comenzando su vida como lesbiana. También siguió escribiendo obras de feminismo radical y siendo una conocida oradora contra la religión judeo-cristiana, a la cual llamaba ‘la institución que le roba energía a las mujeres’. Algunas de sus obras son ‘De ama de casa a hereje’, ‘The SisterWitch Conspiracy’ y ‘Wilfried’, con una fuerte crítica al Estado como legitimador de la violencia masculina sobre las mujeres.

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“Nervous Interview”: Entrevista a Andrea Dworkin (1978)

Traducción: Dina Weis

En 1978 escribí un montón de artículos cortos. Necesitaba desesperadamente dinero y quería poder publicarlos. De estos artículos, “Nervous Interview” es probablemente el más oscuro en sus preocupaciones y ciertamente en su forma y, sin embargo, fue el único que se publicó en absoluto, no por dinero. Norman Mailer logró publicar muchas entrevistas, ninguna de las cuales tenía mucho sentido, todas las cuales fueron tomadas en serio por literatos de diferentes tendencias. Así que esto es mitad parodia de él y mitad parodia de mí misma y de mi movimiento.

Ella estaba nerviosa. “Ambivalente” sería una palabra demasiado educada. Ella llegó a la una, luego se fue. No fue una chiste, no fue tímida. Sus enemigos le decían paranoica. Ella lo llamaba sentido común. Pero la presión había aumentado. Ella no se disculpó como esperaban. Siendo una persona prudente, se había escondido. Una ex amiga acababa de escribirle, acusándola, diciendole que no entendía “la química del amor”. Tampoco, estaba dispuesta a admitir, la física o las matemáticas (o incluso la simple aritmética) del amor. Ella solo entendía sus leyes, la literatura y la política sexual, no la ciencia. Ahora, después de casi dos años de ausencia/exilio, ella regresaba a Nueva York. Haciendo como un sacrificio. Preguntándose cuándo los sacerdotes irían tras ella. Decidida a cuestionar a los dioses.

P: Parece extraño que alguien tan agresiva en su escritura sea tan solitaria y tan hostil a la vida pública.

A: Soy tímida, eso es todo. Y fría y distante.
P: Muchos hombres en esta ciudad piensan que eres una asesina.

A: Soy muy tímida para matar. Creo que deberían tenerse más miedo el uno del otro y menos miedo de mí.
P: ¿Por qué no das entrevistas?

A: Porque son tan falsas. Alguien hace una pregunta: muy planteada y formal, o muy torpe y sincera. Entonces alguien intenta responder. Culto de la fama y la personalidad y todo eso. Está todo mal.
P: ¿Y por qué esto? ¿Porqué ahora?
A: No pude dormir. Estaba muy nerviosa. Pesadillas sobre Nueva York. Ir a casa. Abismo y paraíso. Ya ves, he vivido en muchos lugares. Los sigo dejando. Sigo volviendo a Nueva York pero no puedo quedarme quieta. Pero eso es lo que más quiero. Permanecer quieta.
P: La gente se sorprende cuando te conocen. Eres buena.

A: Creo que eso es extraño. ¿Por qué no debería ser amable?
P: No es una cualidad que uno asocie con las feministas radicales.
A: Bueno, mira, eso es una distorsión. Las feministas radicales siempre son agradables. Provocadoras hasta el punto de la locura, pero siguen, en el fondo, buenas.
P: Podría nombrarte muchas feministas que no son agradables. Tú misma probablemente has tenido peleas con casi todos los que podría nombrar. ¿No es esto una hipocresía terrible de tu parte, y también una tontería, decir que las feministas radicales son amables?
A: Desde lejos o cerca, que somos agradables es verdad. En cualquier punto medio, parece falso. Además, ya ves, nos amamos. Es un amor muy impersonal en muchos casos. Pero es un amor feroz. Tienes que amar a las mujeres que son lo suficientemente valientes como para hacer cosas tan grandes en un mundo donde se supone que las mujeres somos tan pequeñas.
P: ¿No es esto otro tipo de construcción de mito?
A: No, creo que es una descripción muy neutral. Las mujeres que luchan feroces batallas, como lo hacen todas las feministas radicales, encuentran tanta hostilidad y conflicto en las transacciones regulares del trabajo y la vida cotidiana que se vuelve muy complicado, incluso si comenzaron de manera simple. Una debe aprender a protegerse a una misma. Esto significa, inevitablemente, que una exagera algunas partes de la personalidad, algunas cualidades. O se vuelven exageradas en el proceso de intentar sobrevivir y continuar trabajando. Entonces, cuando una ve eso en otra mujer, la ama por ser ella, incluso si a una no le gustan las defensas particulares que ella misma ha hecho. Eso no significa que una quiera tener intimidad con ella. Solo la ama por atreverse a ser tan ambiciosa. Por atreverse a seguir asociándose con las mujeres como feminista radical, sin importar el costo que tenga.
P: ¿Qué te aleja más de otras mujeres?
A: Fracasos de coraje o integridad. Esos fallos humanos siempre están. Estoy en medio del desastre, como todas los demás. Espero demasiado de las mujeres. Me decepciona amargamente cuando las mujeres fallan en formas estúpidas. Como yo misma lo hago. Y luego me molestan las mujeres que están amargamente decepcionadas conmigo porque soy imperfecta. Es el viejo estándar. No espero nada de los hombres, o más exactamente, raramente espero mucho, pero espero todo de las mujeres que admiro. Las mujeres esperan todo de mí. Entonces, cuando descubrimos que somos solo nosotras mismas, sin importar cuáles sean nuestras aspiraciones o logros, sufrimos, lloramos, lloramos, luchamos y especialmente, nos culpamos, nos resentimos. Nuestras expectativas equivocadas llevan a estas dificultades. Para mí, las expectativas equivocadas me hacen a veces alienada, a veces me aislo.
P: La gente piensa que eres muy hostil con los hombres.
A: Lo soy.
P: ¿Eso no te preocupa?
A: Por lo que dices, les preocupa a ellos.
P: Quiero decir, cualquier freudiano se haría un festín con tu trabajo. La envidia del pene, el odio del pene, la obsesión del pene.
A: Los hombres son la fuente de eso, en su literatura, cultura, comportamiento. Nunca podría haberlo inventado. ¿Quién estaba más obsesionado con el pene que Freud? Excepto tal vez Reich. Elija el hombre más obsesionado con el pene en la historia. Lo que es tan notable es que los hombres en general, realmente con tan pocas excepciones, están muy obsesionados con el pene. Quiero decir, si alguien debe estar seguro de su autoestima en una sociedad orientada hacia el pene, debería ser quien tenga el pene. Pero tener uno por individuo no parece ser suficiente. Me pregunto cuántos penes por hombre los calmarían. Escucha, podríamos comenzar un nuevo centro quirúrgico aquí.
P: El Movimiento de Mujeres parece ser más conciliatorio con los hombres que usted, especialmente en estos días. Hay una evidencia definida de reconciliación, o al menos de no lanzar acusaciones. ¿Qué piensa usted de eso?

A: Creo que las mujeres tienen que fingir que les gustan los hombres para vivir. Las feministas radicales se rebelaron y dejaron de fingir. Ahora me preocupa que las feministas estén capitulando.
P: ¿No hay algo bastante patológico en mirar siempre el sexo en términos masculinos? Digamos que describes las actitudes masculinas hacia el sexo con precisión. ¿No acepta sus términos cuando analiza todo usando sus términos?

A: Sus términos son realidad porque controlan la realidad. Entonces, ¿qué términos debemos usar para comprender la realidad? Todo lo que podemos hacer es enfrentarlo o tratar de escondernos de él.
P: ¿Hay hombres que admires?
A: Sí.
P: ¿Quién?
A: Prefiero no decirlo.
P: Hay muchos rumores sobre su lesbianismo. Nadie parece saber lo que haces con quién.
P: ¿Puedes explicar por qué te opones tanto a la pornografía?
A: Me parece extraño que requiera una explicación. Los hombres han creado una gran industria de imágenes, móviles e inmóviles, que representan la tortura de las mujeres. Soy una mujer. No me gusta ver la adoración virtual del sadismo contra las mujeres porque soy una mujer y eso soy yo. Me ha pasado esto. Me va a pasar a mí. Tengo que luchar contra una industria que alienta a los hombres a representar su agresión contra las mujeres, sus “fantasías”. Esas aspiraciones tienen un nombre tan eufemístico. Y odio que en todas partes, la gente parece aceptar sin cuestionar esta falsa noción de libertad. ¿Libertad para hacer qué a quién? ¿Libertad para torturarme? Eso no es libertad para mí. Odio la romanticización de la brutalidad hacia las mujeres donde sea que la encuentre, no solo en la pornografía, sino en las películas artísticas, en los libros de artísticos, por sexólogos y filósofos. No importa dónde esté. Simplemente me niego a pretender que no tiene nada que ver conmigo. Y eso lleva a un reconocimiento terrible: si la pornografía es parte de la libertad masculina, entonces esa libertad no es conciliable con mi libertad. Si su libertad es la tortura, entonces en esos términos mi libertad debe ser torturada. Eso es una locura.
P: Muchas mujeres dicen que les gusta.
A: Las mujeres tienen dos opciones: mentir o morir. Las feministas radicales están tratando de abrir las opciones un poco.
P: ¿Puedo preguntarte sobre tu vida personal?
A: No.
P: Si lo personal es político, como dicen las feministas, ¿por qué no estás dispuesta a hablar de tu vida personal?
A: Porque una vida personal solo puede tenerse en privacidad. Una vez que los extraños se entrometen en ella, ya no es personal. Asume la calidad de un drama público. La gente lo sigue como si estuvieran viendo una obra de teatro. Eres el producto, ellos son los consumidores. Cada amistad y evento adquiere una calidad de visualización. Tienes que pensar en las consecuencias no solo de tus actos frente a otros individuos, sino en términos de medios, millones de observadores extraños. Lo encuentro muy feo. Creo que la prensa supera con creces su auténtico derecho a saber en la búsqueda de la vida privada de las personas, especialmente las personas como yo, que no son ni empleados públicos ni intérpretes. Y si uno tiene que estar siempre al tanto de las consecuencias públicas de los actos privados, es muy difícil ser espontánea u honesta con otras personas.